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COLON EN LAS PALMAS
Carmelo Dávila Nieto
He querido comprobar hasta que extremo niegan en
Chicharreronia la presencia de Cristóbal Colón en Gran Canaria, y en su
capital, en aquella época Las palmas, en su primer viaje transoceánico, y para
ello he remitido un artículo sobre este tema a los periódicos Diario de Avisos
y La Opinión
de Tenerife -no lo envié al Día-rrea porque sabía la imposibilidad de su
publicación por razones obvias-, aunque no fui optimista con el resultado.
Efectivamente, mis reservas fueron confirmadas rotundamente porque el artículo
no fue publicado por algunos de los referidos medios de información (¿), demostrando
palmariamente que también éstos no quieren dar publicidad allá a la realidad
histórica, uniéndose descaradamente a la campaña que niega contumazmente la
estancia de Colón en nuestra ciudad y en nuestra isla en el periplo del
descubrimiento de las nuevas tierras, llamadas injustamente América, para
seguir impidiendo que los habitantes de Tinerfenonia -antiguamente isla
Infierno- conozcan la veracidad de los hechos históricos. Así es como todos los
medios de difusión chicharrerones entienden, y aplican, la información objetiva
y veraz, aunque, además, esté avalada por un ilustre historiador tinerfeño como
el Dr. Antonio Rumeu de Armas, absolutamente objetivo e imparcial, como debe
serlo un honesto profesional de la
Historia, que aportó el definitivo testimonio del nauta Juan
Bivas. Pero seguramente considerarán que el señor Rumeu se vendió a los
canariones por haber sido su madre natural de Agaete y se inventó el tal
testimonio.
Pero los directores de los citados periódicos no aceptan estas rotundas pruebas
y no solamente se niegan a publicarlas sino a hacer creer a los gomeros en la
exclusividad colombina de su isla, a la que denominan "la isla
colombina", como si fuera la única, y que el admitir que Gran Canaria
también lo es desmerece y merma la condición de la Gomera. Esto es una
falacia porque no hay exclusión de su consideración colombina. Pero en La Gomera así lo creen
influidos por la propaganda insidiosa chicharrerona de que los grancanarios
pretendemos arrebatársela, que ellos -los gomeros- estiman como un monopolio,
indignándose violentamente cuando se les alude a la también condición colombina
de Gran Canaria, que se obcecan en no reconocer despreciando en su obnubilación
los documentos históricos que lo demuestran. Como prueba evidentísima de ese
fanatismo, mejor esquizofrenia, en el paseo de la playa de San Sebastián está
colocado desde hace muchísimos años un mosaico -ya bastante deteriorado- que
reproduce el primer viaje de Colón desde su salida de Palos de Moguer, y ¡han
suprimido la escala en Gran Canaria! -ya lo he comentado en otras ocasiones-
como si con esto consiguieran que a escala mundial no se reconociera el paso
del Almirante por nuestra isla. No tienen sentido del ridículo. Pero no es esta
grotesca supresión lo peor del asunto; lo pésimo es que en el Cabildo de Gran
Canaria no se quiere hacer valimiento ni uso del título de isla colombina, como
he propuesto al Consejero de Turismo, don Roberto Moreno, y a la Consejera de Cultura,
doña Luz Caballero, porque "se pueden molestar en La Gomera", me respondió
literalmente la última. ¡Increíble si no lo hubiese escuchado personalmente!
Utilizar una denominación que históricamente le corresponde a Gran Canaria con
tanto derecho como La Gomera,
se rechaza con un argumento tan inconsistente y estúpido. Y siento ser tan
duro, pero no caben otros calificativos. Es como si unos padres desistieran de
bautizar a un hijo o hija con un nombre porque coincide con el de los de unos
vecinos y estos se pudiesen enfadar como si tuviesen la exclusiva registrada.
¡Que políticos tenemos! Cobardes e ineficaces sin atenuantes. ¡Así estás Gran
Canaria de mis amores! Como dijera hace varias décadas, en plena tiranía
franquista, un militar de marina, conocido mío, con referencia a España. Un
buen amigo me ha informado que en el Centro de Interpretación de la Naturaleza, enclavado
en una montaña de La Gomera,
se exhiben muestras de la flora de las islas ¡excepto de Gran Canaria! A ese
extremo llega el odio que se nos tiene por instigación chicharrerona. En
Noviembre pasado visité con mi esposa ese centro, pero no me fijé en ese hecho
tan lamentable.
Que el Almirante de la Mar
Oceána estuvo en Gran Canaria está plenamente documentado por
su propio Diario de a bordo, en el que se lee: "Miércoles 8 de Agosto
-1492-.Hobo entre los Pilotos de las tres carabelas opiniones diversas donde
estaban, y el Almirante salió más verdadero, y quisiera ir a Gran Canaria por
dejar la carable Pinta, porque iba mal acondicionada del gobernarlo y hacía
agua, y quisiera tomar allí otra si la hallara; no pudieron tomarla aquel día.
Jueves 9 de Agosto. Hasta el Domingo por la noche no pudo el Almirante tomar La Gomera, y Martín Alonso
quedose en aquella costa de Gran Canaria por mandato del Almirante, por que no
podía navegar. Después tomó el Almirante a Canaria (o a Tenerife) y adobaron
muy bien la Pinta
con mucho trabajo y diligencias del Almirante, de Martín Alonso y de los demás;
y al cabo vinieron a La
Gomera. Vieron salir gran fuego de la sierra de la isla de
Tenerife, que es muy alta en gran manera. Hicieron la Pinta redonda, porque era
latina; tornó a La
Gomera Domingo a 2 de Setiembre con la Pinta adobada."
(Obsérvese que llama indistintamente a nuestra isla Gran Canaria o Canaria. La
cita de Tenerife es un error, obviamente, ya que aún no estaba conquistada y
era, por tanto, imposible reparar la carabela porque no sabía como lo
recibirían los aborígenes). También su hijo Hernando Colón en la "Historia
del Almirante", expone:"...Volviendo, pues, a lo que yo contaba, digo,
que procuraron entonces remediarse lo mejor que pudieron, hasta que llegasen a
las Canarias, las cuales descubrieron los tres navíos el jueves, a 9 de agosto,
a hora del alba; mas por el viento contrario, y por la calma, no les fue
posible, ni aquel día, ni los dos siguientes, tomar tierra en la Gran Canaria, a la
que estaban entonces muy próximos, por lo que el almirante dejó allí a Pinzòn,
a fin de que, saliendo a tierra pronto, procurase haber otro navío, y él para
el mismo efecto corrió a la isla de la Gomera, juntamente con la Niña, para que, si en una de
aquellas islas no hallase ocasión de navío, buscarlo en la otra....Pasada
después aquella isla (se refiere a Tenerife), el sábado a 25 de Agosto,
llegaron a la isla de la
Gran Canaria, donde Pinzón con gran fatiga, había arribado el
día antes....Por cuyo motivo, sospechando no encontrarlo otra vez en el camino,
si tornase a buscarlo hacia la
Gomera, se propuso arreglar en Canaria dicha carabela, lo
mejor que pudiese, haciéndole un nuevo timón, por si, como le había dicho,
había perdido el suyo, y a más de esto hizo mudar la vela, de latina, en
redonda, en la otra carabela llamada la
Niña, a fin de que siguiese a las demás naos con más
seguridad y menor peligro". Después que los navíos estuvieron bien
arreglados y dispuestos para su partida, el viernes, que fue primero de
septiembre, a la tarde, el almirante hizo desplegar las velas al viento,
saliendo de la Gran
canaria, y al día siguiente llegaron a la Gomera". Y el nauta Juan Bivas, avecindado
en Las Palmas cuando arribó la expedición de Cristóbal Colón, era casi un niño,
y veinte años más tarde presta declaración en Santo Domingo, capital de la isla
española. Piensa en lo que vio; evoca lo que sus ojos contemplaron. Su
imaginación está en el Puerto de La
Luz, en Las Palmas: "Que vido venir al dicho almirante
don Cristóbal Colón la primera vez que descubrió". "Que vio que Pedro
Alonso Niño, Juan Niño, Juan de Xerés e Pedro Arráez vinieron con el dicho
almirante la primera vez que descubrió esta isla Española". Esta es la
interpretación que hizo el Dr. Antonio Rumeu de Armas del testimonio del citado
nauta, que demuestra palmariamente la estancia del Descubridor en la Ciudad Real de las
Palmas, hecho que queda, pues, fuera de toda discusión y negativa a
reconocerlo.
Existen, a mayor abundamiento, relatos de otros historiadores, como el padre
Bartolomé de las Casas, aunque éste señala como lugar de la presencia de Colón
la bahía de Gando. Comete un grave error de localización, como ha quedado
demostrado por el testimonio del nauta Juan Bivas, y porque ¿cómo podría
reparar el almirante sus naves en un sitio en aquella época desierto cuando en
la capital de la isla disponía de los medios materiales y humanos para la
reparación? Se impone la lógica, aunque algunos pseudohistoriadores como la
chicharrerona Ana Lola Borges se empecine en Gando para quitarle el
protagonismo a la ciudad de Las Palmas. ¡Hasta ahí llega la envidia!
Los investigadores históricos contemporáneos, cuya relación sería muy extensa,
por lo que la evito para no cansar en la lectura de este artículo, han
reconocido y demostrado sin reservas que Colón estuvo en Gran Canaria, y en su
capital, en el viaje del Descubrimiento. ¿Porqué esa obstinación gomera y
chicharrerona en negar la evidencia histórica? Maldad por parte de los gomeros,
que pretenden a toda costa e irrazonablemente que su isla sea la UNICA colombina, y odio
feroz por parte de los chicharrerones, que no cesan de negar los méritos
grancanarios en sus medios de comunicación, y no únicamente el Día-rrea sino
también los otros, como he expuesto al principio. ¿Qué motivos habrá dado Gran
Canaria para esa inquina tan perversa? Seguramente el no haber aceptado la
injusta y arbitraria capitalidad única de La Cruz de Tinerfenonia y haber luchado enérgicamente
por su independencia, que ahora está perdiendo por la apatía y entregamiento de
nuestros políticos, sin distinción de partido, que no resisten la comparación
con aquellos enormes patriotas que lograron la división provincial y con ella
la prosperidad de las islas orientales, total y absolutamente postergadas.
Post scriptum. EN
MEMORIA DE JORGE ROBAINA RODRIGUEZ. Dedico este artículo a la memoria de
mi estimado amigo Jorge Robaina Rodríguez, fallecido recientemente a causa de
una inesperada, cruel y rápida enfermedad. Con su óbito desaparece un auténtico
patriota grancanario, especie de la que quedamos, desgraciadamente para nuestra
amada y traicionada isla, muy escasísimos ejemplares. Con mi emocionado
recuerdo, expreso mi más sentida condolencia a su viuda Lucía y a sus hijas
Leticia y Silvia.
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