GRAN CANARIA, ISLA COLOMBINA

Don Carmelo Dávila Nieto

La Provincia/Diario de Las Palmas                   FIRMAS      23 de octubre de 2004

 

OPINiÓN

 

CARMELO DÁVILA NIETO 

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN del archipiélago -principalmente los grancanarios ­deberían ya comenzar a denominar a Gran Canaria isla colombina para cumplir con el rigor histórico.
 

En tres de los cuatro viajes que Cristóbal Colón reali­zó al Nuevo Mundo estuvo en Gran Canaria: en 1492, 1493 Y 1502.

En el primero, el del Descu­brimiento, reparó una de sus naos, La Pinta, a la que se le de­sencajó el "gobernario", o timón, y ha­cía agua, y además hizo cambiar a La Niña la vela latina por otra redonda.

Se ha discutido hasta la saciedad si en 1492 el Descubridor estuvo en el Re­al de Las Palmas o en Gando, pues fal­taba la prueba documental que acreditara su estancia en la villa capital, única población habitada en la isla en aque­lla época. La lógica parece indicar que sí, pues era, el único lugar donde podía recibir ayuda para reparar las averías de la carabela, pues Gando entonces estaba deshabitado. En esto están de acuerdo el archivero don Miguel San­tiago Rodríguez en su trabajo Colón en Canarias, y el cronista don Néstor Ála­mo Hernández en su obra El Almiran­te de la Mar Océana en Gran Canaria. El historiador rumano don Alejandro Cioranescu, avecindado en Santa Cruz de Tenerife, niega la lógica y afirma ro­tundamente que Colón no estuvo en el Real de Las Palmas.

Sin embargo, el ilustre historiador ti­nerfeño don Antonio Rumeu de Armas, miembro de la Real Academia de la His­toria y ex catedrático de la Universi­dad Complutense de Madrid, en el se­gundo tomo del Homenaje a don Agustin Millares Carlo, publicado por la entonces Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria -ahora La Caja de Canarias-, aporta una prueba documental de la es­tancia de Cristóbal Colón en el Real de Las Palmas en el viaje descubridor. Se trata del testimonio del nauta Juan Bi­vas, nacido en 1477y avecindado en es­ta villa, y que en 1499, cuando apenas había cumplido los 22 años, marchó a América del Sur, en la expedición del capitán Pedro Alonso Niño. En unas fa­mosas probanzas que acabarían por in­tegrarse en los interminables Pleitos colombinos, Juan Bivas se encontraba en 1513 en Santo Domingo, y procla­mándose vecino de Gran Canaria, de­clara que "vio venir a dicho Almirante don Cristóbal Colón la primera vez que descubrió estas partes (Antillas)". Y añade: "que vio que Pedro Alonso Ni­ño, Juan Niño, Juan de Xerés e Pedro Arráez vinieron con el dicho Almiran­te la primera vez que descubrió esta is­la La Española" (todo lo expuesto lo tomo del insigne investigador, como es ob­vio). Era imposible que Juan Bivas es­tuviera allá cuando la flota de Colón llegó a aquellas remotas tierras, por lo que don Antonio Rumeu de Armas ma­nifiesta que los hechos sucedieron de la siguiente manera (transcribo tex­tualmente las partes que interesan del tema): "Juan Bivas era un niño en 1492.

 

Vive en Las Palmas de Gran Canaria, donde se ha establecido su familia a ra­íz de finalizada la conquista. Su exis­tencia transcurre en ambiente marine­ro, pues dos de sus parientes más próximos, el alcalde de Mar Pequeña, Cristóbal Bivas y el piloto An­tonio Bivas son o serán afamados navegantes. Sueña con surcar el Océano y distrae sus ocios contemplando el ho­rizonte infinito. Un día de agosto, la is­la se conmueve con la presencia en sus costas de la flotilla castellana encarga­da de alcanzar la India fabulosa por la ruta occidental atlántica, a la inversa de lo que intentaban tenazmente los portugueses. La conduce como almi­rante un soñador y visionario Cristó­bal Colón, avezado en recorrer los ma­res que bañan el archipiélago afortunado. Recalan en el Puerto de la Luz, y Juan Bivas acude a contemplar­la entre curioso y alborozado. Veinte años más tarde el nauta semigrancana­rio presta declaración en Santo Domin­go, capital de la isla La Española. Piensa en lo que vio; evoca lo que sus ojos contemplaron. Su imaginación está en el Puerto de la Luz, en Las Palmas de Gran Canaria.

Es una pena que don Antonio Rumeu de Armas no diese a conocer esta prue­ba en los medios de difusión tinerfeños: prensa, radio y televisión, incluida la nacional, pues allí se sigue negando la estancia del Almirante en el Real de Las Palmas, e insistiendo en denómi­nar exclusivamente a La Go­mera "la isla colombina" por antonomasia. Y para colmo se llega a la falsificación histórica, pues en un mosaico que en el paseo de la pla­ya de San Sebastián, en la capital go­mera, reproduce el primer viaje de Co­lón, desde su salida de Palos de Moguer, está suprimida la escala en Gran Cana­ria figurando solamente la de La Go­mera. Esto es un gravísimo atentado a la verdad histórica, influido por la pre­sión ultrachicharrera, pues no hay que olvidar que un pleno del Ayuntamien­to de Santa Cruz de Tenerife, siendo su alcalde el ático Manuel Hermoso, apro­bó, por total unanimidad de todos los partidos políticos que Cristóbal Colón no estuvo en el Real de Las Palmas en el viaje del Descubrimiento. ¡Deliran­te!

Los medios de comunicación del Ar­chipiélago -principalmente los granca­narios- deberían ya comenzar a deno­minar a Gran Canaria isla colombina para cumplir con el rigor histórico. Tí­tulo al que tiene perfecto derecho, pues en puridad son dos las islas colombi­nas en Canarias: La Gomera y Gran Ca­naria, sin absurdos antagonismos entre ellas, pues este legítimo reconocimiento de la nuestra no per­judica en absoluto el protagonismo de la otra, que siempre se le ha reconoci­do y nunca discutido.