¿NACIÓ EL ESPÍRITU SANTO EN SANTA CRUZ?

LA PROVINCIA/DIARIO DE LAS PALMAS                                                                       Viernes, 8 de octubre de 2004

OPINiÓN. JULIO MONTESDEOCA


 

El otro día leí una respuesta concilia­dora de un buen cristiano o por lo menos esa era su intención, según creo, clarificando unas observaciones apare­cidas en un artículo anterior firmado por el señor Dávila Nieto. Esta persona, amante de la música, decía que se iba a edificar una gran catedral en la Ciudad de los Adelantados y que la isla herma­na pretendía hacerse con un arzobispa­do en Canarias.

  Nuestro buen cristiano, don Adrián Quintana Martín, ese es su nombre según firmaba en su escrito, al intentar evi­tar roces y buscando la fraternidad co­mo predicó el Nazareno, aclaró los rumores que habían llegado al señor Dá­vila y que podían crear discordia. El buen cristiano matiza. En La Laguna no se va a construir ninguna catedral, hay simplemente un acuerdo entre el obispado y el Ayuntamiento de Santa Cruz para hacer un gran templo emblemático de la capital tinerfeña que le dé prestancia a la capital del Archipiélago (capitalidad compartida por supuesto) junto al auditorio y otros nobles edificios. Afir­ma también que entre los cristianos ca­narios no existe esa estupidez del pleito insular y por último manifestaba que si en el Archipiélago se pusiera un arzo­bispado sería el Espíritu Santo quien de­cidida su lugar de asentamiento.

   Yo, lejos de calmarme, me quedé atónito.

     Los cristianos canarios responden al unísono. El señor Adrián dixit.

Hemos observado en esta atribulada Isla nuestra que nuestro pastor, nuestro descendiente espiritual de los apóstoles, me refiero a monseñor Echarren, pre­tende una iglesia discreta y mística de­dicada a lo propio de su labor, dándole la espalda a las vanidades de este mun­do. Prueba de ello, su llamada de aten­ción a los políticos en una fiesta del Pi­no por parecerle que en un acto estrictamente espiritual estaban más en­tregados a las veleidades mundanas que para lo que estaba hecho dicho acto. Por otro lado, un grupo de cristianos, natu­ralmente de esta Isla, pretendieron car­garse una tradición, la asistencia del ejér­cito a la festividad de la patrona de la Diócesis de Canarias.

Ante tanto puritanismo, ante tanto cris­tianismo de base, me llama la atención, como señalé anteriormente, que la Igle­sia Católica, tan unida al Archipiélago como señala don Adrián, no oponga ob­jeciones a que se construya, a costa de la religiosidad para aliento de las vani­dades humanas, otro edificio emblemá­tico en Santa Cruz. Menos mal que va a hacerse donde existe amor y no tirantez insularista pero aunque así fuera, no ha­bría problema, según me señalaba un amigo, porque Atican (cristianos de ba­se y marxistas de altura) se encargaría de remediado dado el peso específico que ha demostrado en la coalición. Por supuesto, no se contentaría con un pla­to de lentejas o, mejor, de langostinos para expresamos más al día.

No sé por qué me ha venido a cola­ción a la mente, la mezquita de Hassan II en Casablanca y lo que representa: la magnificencia y la megalomanía, mien­tras prácticamente el pueblo no tiene seguridad social. ­

No creo que sea el Espíritu Santo el que me esté inspirando, posiblemente es Mefistófeles que con artificiales ali­tas de paloma me está imponiendo las sórdidas elucubraciones que voy a de­cir. Tenerife quiere el arzobispado, a pe­sar de que por tradición, concepto muy importante este último en la Iglesia Ca­tólica, ha sido Gran Canaria quien ha os­tentado en el Archipiélago el pilar de esa institución. Los trucos y combina­ciones que harán pueden ser variopin­tos para conseguir sus fines, y así, la ho­rrenda isla de “Las Palmas” esté por lo menos en segundo plano como en toda realidad concerniente al Archipiélago.

Un arzobispado, según tengo enten­dido, consta por lo menos de tres obis­pados, una solución para conseguir su meta la isla hermana sería contar con el episcopado de La Laguna, el de la isla de “Las Palmas” (curioso conocimiento geográfico el de don José) y... tachín, ta­chín, poner otro en Santa Cruz con una gran iglesia, embrión, realicen el siste­ma apuntado u otro cualquiera, del po­sible arzobispado canariensis.

De la misma forma que su estadio se convirtió en el pequeño Maracaná (fut­bolísticamente hablando) y su auditorio ha convertido a la capital en un mini Sydney, puede surgir de pronto otro Va­ticano atlántico y ojo el romano por si se lleva un disgusto. Lo importante es que Santa Cruz sea el alfa y omega de cualquier cosa, por lo pronto archipie­lágica.

También se habla por estos lares de que el jerarca superior de la Iglesia sea canario, es la forma de expresar los chi­charreros que debe ser de Tenerife o so­metido a su voluntad. Y los de aquí de heraldos apasionados. Quizá como la ma­yoría de los políticos, o están engaña­dos o esperan alguna migaja, cualquier gorro encarnado que represente cual­quier cosa.

Pero claro, si don Adrián Quintana di­ce que entre los discípulos del Hijo del Hombre en estas Islas no existe rivali­dad y como ya he dicho no sé qué extra­ña inspiración me dice que la archidió­cesis va a estar en Santa Cruz, yo, ante esto, me hago la siguiente pregunta: ¿De la misma forma que la segunda persona de la Santísima Trinidad, es decir el Hi­jo, se materializó en hombre y por lo tan­to tuvo que ocupar un tiempo y un lu­gar, no habrá sucedido lo mismo con la tercera persona de la Tríada Sagrada y el hecho ha ocurrido en Santa Cruz? To­dos sabemos que Dios es justo, Jesucris­to amó a todos, no obstante lloró ante la premonición de la destrucción de Jeru­salén. ¿No estará sacando el Espíritu San­to algún rejillo patriótico, en este caso insularista, y tira dentro de unos límites ( el resto lo pone ATI ) para su lugar de procedencia?

Miren por dónde, cuando en alguna foto observamos a los políticos granca­narios con cara de mansos, no es que es­tén atotorotados sino místicamente ins­pirados y nuestra miopía psicológica y nuestra falta de fervor religioso nos ha­ga confundir las expresiones.

Señores, seamos sensatos y no vea­mos en nuestros políticos lo que vemos sino unos apóstoles dirigidos por la ter­cera persona de la Santísima Trinidad.