ARTÍCULO DE PEDRO VIERA
BIOGRAFÍA DE DON ANTONIO LÓPEZ BOTAS

Don Antonio López Botas

Busto de don Antonio López Botas

Busto de don Antonio López Botas


Bandera de Gran Canaria
  Bandera de Las Palmas de Gran Canaria
Bandera de Gran Canaria
  

DON ANTONIO LÓPEZ BOTAS

(7/12/1818 – 11/04/1888)

            Antonio María López Botas nació en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria el 7 de diciembre de 1818, siendo bautizado en la parroquia del Sagrario Catedral. Fue su padrino don Fernando Domingo del Castillo y Bethencourt, III conde de la Vega Grande de Guadalupe. Era hijo de don José Antonio López Rodríguez y de doña Luisa Botas Velásquez.

         Estudió en el Seminario Conciliar, Universidad de San Fernando de La Laguna, Donde alcanza los grados de Bachiller, Licenciado y Doctor en Leyes. Abogado en ejercicio desde 1842, sería Decano del Colegio de Las Palmas de Gran Canaria por primera vez el año  1853; y sería reelegido los años 1854, 1855, 1860, 1861, 1862, 1863,1864, 1865, 1873, 1874 a 1875, 1875 a 1876, 1980 a 1881 y 1881 a 1882, reelegido por sus compañeros más de doce veces. Tuvo uno de los bufetes de más prestigio en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

         Destaca en él su dedicación a la cosa pública en la que figura precozmente, a sus veintiún años, como vocal de la Junta Gubernativa de Tenerife en 1840, 1843 y 1854, en la Diputación provincial en 1844, 1822 y 1857, como Diputado a Cortes en 1853 y 1869, como Senador en 1871. También fue promotor y fundador de entidades como el Gabinete Literario o su Colegio de San Agustín, de tanto prestigio en el Archipiélago. En la esfera estricta de la política y administración local, es alcalde de Las Palmas de Gran Canaria de Gran Canaria entre 1861 y 1868, con unas realizaciones que marcan seguramente el punto más alto de su trayectoria pública.

         Siendo alcalde se termina la reconstrucción del Ayuntamiento. Destrucción de las murallas que rodeaban la Ciudad. Se establece el alumbrado público  basado en lámparas de petróleos. Se construye sobre el Guiniguada el Puente de López Botas (Puente de Palos o de Palastro). Apertura de la calle Juan de Quesada. Se rellenan las calles de Muro y Obispo Codina para darles la rasante que hoy tienen. Se urbanizan adecuadamente, entre otras calles, Triana, Doctor Chil y Canónigos (hoy López Botas). Se edifica la Pescadería( derruida en la actualidad). Terminación del acueducto de la Fuente de los Morales. Apertura de la carretera al puerto etc. etc.

         Financia la remodelación del convento de San Agustín en Hospital de Elefancíacos.

         Aporta a las arcas municipales el dinero suficiente, para las interrumpidas obras, que ha de traer el agua a la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria de Gran Canaria.

         Contribuye en la construcción del Colegio de San Agustín con 42.115 pesos y 6 reales más que los ocho codueños del Colegio de San Agustín.

         Creó la Revista del Foro Canario que ha llegado hasta nuestros días.

         Convencido luchador y defensor del establecimiento de una segunda provincia en las islas Canarias, hoy en día pediría la doble autonomía.

         En 1847 se le encarga la elaboración de un informe sobre la creación de una Caja de Ahorros y Monte de Piedad, perteneciendo a su Comité directivo. Comenzó a operar en 1851, disolviéndose en 1857.

         Ingresó en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas de Gran Canaria en 1849.

         Destacado papel jugó cuando en 1851 se declaró la epidemia del cólera morbo asiático, asumiendo la responsabilidad de la Junta benéfica de Santo Domingo. No tenía en ese entonces responsabilidades políticas. Los grancanarios fuimos totalmente abandonados, no hubo para nosotros ni el más pequeño auxilio, quedamos en el mayor desamparo y entregados a nuestras fuerzas, muriendo los grancanarios a millares, prolongándose ensañadamente la incomunicación tiempo después de haber desaparecido la epidemia. López Botas escribió y publico sus amargas quejas contra el aislamiento a que nos había condenado Tenerife, Santa Cruz de Tenerife y sus Autoridades.

Le nombran presidente de la sociedad “Liceo de Las Palmas de Gran Canaria de Gran Canaria”en 1860.

Tuvo un destacado papel en la preparación de la Exposición provincial de 1862.

El 7 de julio de 1861 fue elegido censor para ese año y los siguientes de 1862 y 1863.

         Tuvo un comportamiento activo y decidido durante la epidemia de fiebre amarilla en 1864.

         Es de destacar su gestión en relación con el Puerto de refugio de La Luz.

         Años después de que fuera alcalde de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, el Ayuntamiento republicano acordó suprimir el alumbrado público por no tener recursos para sostenerlo. López Botas en nombre de su partido, ofreció sufragar los gastos necesarios y así se hizo durante algún tiempo. Las arcas municipales antes de iniciar y concluir su gestión municipal era de concreta depauperación.

         Es de destacar su colaboración con los militares que participaron en “La Gloriosa”, en 1868.

         Funda un partido político de corte “monárquico constitucional”, “democrático radical” y más propiamente, “Monárquico democrático de Las Palmas de Gran Canaria”. Sería conocido como el “Partido Bombero”, con el lema “Unión, Patria y Libertad”.

         Fundó el periódico El Bombero en 1869.

         Hizo el estudio y proyecto de la ley de la reforma de los establecimientos penitenciarios de España.

         Condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica, renuncia a tal honor al entender que el acta de diputado o senador no puede servir para provecho personal.

         Obtuvo para Gran Canaria los correos semanales para comunicarnos con la Península, el crédito para reparación y un pequeño adelanto del muelle de Las Palmas de Gran Canaria; la continuación de las tres carreteras de esta isla, Gran Canaria, del Norte, Centro y Sur.

         Consigue que el Parlamento Español apruebe sin discusión el 10 de junio de 1870, que las franquicias de Canarias quedaran convertidas en Ley y para suprimirlas o modificarlas será siempre preciso el voto del Poder Legislativo.

         Es nombrado Hijo adoptivo de Pamplona y Palma de Mallorca al conseguir que no se les quitaran las Audiencias Provinciales de esas ciudades así como la de Las Palmas de Gran Canaria de Gran Canaria.

         En los Anales de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, López Botas publica un informe sobre las ventajas de los puertos francos para las islas. Al comparar algunas variables entre la situación que poseía en 1852 y la de 1880.

         En el verano de 1868, son deportados a Canarias por el gobierno de González Bravo algunos militares. A Gran Canaria arriban los generales don Domingo Duce y don Antonio Caballero de Rodas, más el coronel Lorenzo Miláns  del Bosch. López Botas los atiende y acoge en su casa del Monte y les facilitaría la conspiración con sus compañeros de Tenerife. Con don Antonio Matos y Moreno –miembro del comité progresista de Las Palmas de Gran Canaria- y la ayuda del patrón don Juan Sánchez Machín, los embarca por la Peña del Colegial en el “Buenaventura” que venía de Tenerife con el general Serrano a bordo. Don José Mesa y López inserta dos testimonios procedentes del general Serrano, duque de la Torre. Uno, con motivo de las atenciones que López Botas tuvo para el general Duce, gravemente enfermo, merece la gratitud que don Francisco le expresa en carta desde La Orotava, fechada el 26 de agosto, a su regreso a Las Palmas de Gran Canaria. Otro, la réplica que el propio general Serrano hizo al diputado republicano Santamaría en el Congreso en 1869, cuando éste se permitió llamar a López Botas reaccionario: “El Sr. López Botas era Alcalde de la  Gran Canaria; y debo decir que si no hubiese sido por el señor López Botas, los generales que en Gran Canaria estaban no hubieran podido llegar a Cádiz el día 17 de septiembre” (Diario de sesiones, número 35, miércoles 24 de marzo de 1869, página 695).

         En una conferencia pronunciada en el Gabinete Literario con motivo del Centenario de fundación su nieto don José Mesa y López manifiesta que: 

Escrito

y manifiesta el Sr. Mesa y López hablando del declive de Don Antonio López Botas lo siguiente:

“A poco de regresara a Las Palmas de Gran Canaria, una cruel enfermedad pone en peligro la existencia del Doctor López Botas. Durante dos años se debate entre la vida y la muerte. Sus adversarios pregonan que aunque salve su vida, su inteligencia no volverá a ser lo que fue. Su recia naturaleza triunfa de todo y al cabo de ese tiempo volvió a ser física y mentalmente el hombre de antes, pero se encontraba arruinado.     

¿Cómo se explica esto? ¿Cómo es posible que un hombre de modesto vivir, que hereda de sus mayores bienes de consideración y durante muchos años en el ejercicio de su profesión gana el dinero a manos llenas, se encuentre ahora totalmente arruinado? Tal vez esto no se comprenda hoy, porque nos do­mina un materialismo que lo absorbe todo, una sed insaciable de riquezas, la ambición de tener más y siempre más; y yo aprovecho esta ocasión para dirigirme a mis paisanos exhor­tándoles a detenerse en ese camino, porque aún es tiempo de frenar y porque pueblos y sociedades dominados por los in­tereses materiales rodarán fatalmente a su envilecimiento e in­dignidad. Cierto es que de pan vive el hombre, pero el espíritu tiene también sus justas demandas que es ineludible satisfacer.

Se arruinó el Doctor López Botas por su generosidad raya­na en prodigalidad para con su  Patria y para con sus amigos, porque no hubo pena que no aliviara, agobio a que no acudiese, ni amigo necesitado que no encontrase siempre su arca abierta, y si no tenía dinero, se lo buscaba asumiendo la obligación; y esto pudo hacerse cuando los ingresos de su bufete se sostu­vieron, pero cuando su actuación parlamentaria le obliga a au­sentarse durante varios años, a casi prescindir de su profesión, y cuando los dos años de su enfermedad le obligan al completo abandono de la misma, entonces se inicia la bola de nieve que al rodar se agranda y su deuda crece desmesuradamente.

Pero, esto no bastaba; la causa principal de esa ruina fue el sacrificio constante que hizo de su fortuna en favor de su país.

      En el orden de las conjeturas, ya es de notar que un Ayuntamiento que en 1860 no tiene 18.000 pesetas para adquirir  unos, terrenos y que doce años más tarde tiene que suprimir el alumbrado público por falta de recursos, pueda durante los años  intermedios construir puente, mercado, pescadería, iniciar el Puerto de Refugio, urbanizar la población y realizar su transfor­mación total en los términos que antes vimos. ¿De dónde salió el dinero que para todo eso se requería? Pero no creo que me sea lícito en materia de esta clase sentar afirmaciones por meras conjeturas; y cómo decimos en el argot forense, vaya­ más al hecho probado.

      El Estado donó el antiguo convento de Santo Domingo para Hospital de Elefansíacos, pero para adecuarlo a tal fin había que hacer grandes gastos, que ni la Diputación Provincial ni ninguna corporación local se avienen a realizar. Sin embar­go, certifica el Secretario de la Junta Provincial de Beneficencia que el Doctor López Botas entregó la cantidad precisa para rea­lizar esas obras y evitar que se retirase la Donación.

     El agua de la Fuente de los Morales no puede llegar a Las Palmas de Gran Canaria. Años antes se había iniciado la construcción del acue­ducto, pero la obra había quedado interrumpida por falta de re­cursos. El Secretario del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria certifica que el acueducto pudo terminarse porque don Antonio López Botas ingresó en las arcas municipales el dinero necesario.

     Ya hemos visto antes que cuando un Ayuntamiento repu­blicano, por razón de economía, suprime el alumbrado público, el mismo doctor López Botas en nombre de su partido sufraga por algún tiempo esos gastos.

     El Colegio de San Agustín hay que instalarlo en local amplio y adecuado. Con ese objeto nueve señores compran el antiguo convento de agustinos, Donde hoy están instalados la  Audiencia Territorial y los Juzgados de primera instancia. Esos nueve señores fueron el Conde de la Vega Grande, don Vicente Clavijo, don Francisco J. de León, don Miguel Massieu Tello, don Agustín Penichet, don Domingo J. Navarro, don Rafael Massieu Bethencourt, don José del Castillo Olivares y don Antonio López Botas. Pero hay que derribar el vetusto murallón y levantar el frontis que hoy tiene ese edificio, hay que destruir celdas para formar aulas, hay en suma que dotar aquel edificio, de las condiciones necesarias para hacerlo albergue de un gran ­centro de enseñanza; y en efecto así se hizo, pero al pie de las cuentas de esa obra y suscrita por todos los interesados se con­signa la siguiente nota:

     Habiendo examinado las cuentas precedentes con los documentos que en las mismas se citan, estamos del todo conformes con ellas, las aprobamos y según lo convenido con don Antonio López Botas, le reconocemos en el ex-convento agus­tino, además de su novena parte que le corresponde como uno de los nueve condueños que le compraron, el capital de 42.115 pesos y 6 reales de plata, en prueba de todo lo cual firmamos en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria a 10 de agosto de 1864.

A la vista de todo esto, bien podemos decir que así se arruina un patriota. ¡Y qué ruina! Hasta en esto hubo grandeza. No creáis que hubo necesidad de suprimir gastos superfluos, vender algunos bienes, o estrechar la vida. No, fue la ruina completa en que llega a faltar lo más indispensable para la vida.

Un acreedor algo impaciente le apremia para el pago de lo adeudado y él le contesta en carta que no puede leerse sin ex­perimentar profunda emoción, refiriéndole la imposibilidad en que se encuentra de atenderle y dándole los pormenores de su situación.

“He perdido toda mi cuantiosa fortuna personal -le dice- durante mi enfermedad, mis acreedores hipotecarios se han repartido mis bienes por menos de la mitad de su valor. Todo cuanto tuve, así como las pingües entradas de mi profesión, todo lo entregué a mi país y a mis amigos y hoy me veo olvi­dado, perseguido y escarnecido por gentes a quienes colmé de favores y por quienes hice todo género de sacrificios. Me falta lo más indispensable para la vida, pero mi resolución está tomada. Abandonaré lo único que me queda en este mundo: mi familia y mi patria. Un doble deber de conciencia y de dignidad así me lo exige. Marcharé a lejanas tierras a trabajar, a trabajar sin cesar en mi profesión para poder pagar a todos mis acree­dores y para que Dios me perdone el daño que pude haberles hecho.

     Para poder afrontar durante los primeros meses los gastos de su vida en Cuba, necesita un destino, que pide a quien podía y estaba en el deber de otorgárselo. No puedo decir si se estuvo o no remiso en concederlo. Al fin, en 1882, el Doctor López Botas marcha a la isla de Cuba nombrado Fiscal del Tribunal de Cuentas.

¡Vana ilusión! La administración de la isla de Cuba era de lo más depravada que existía en España. Al Fiscal del Tribunal de Cuentas se le presentaba el siguiente dilema: o entrar en la ciénaga y enfangarse en ella como los demás, o enfrentarse con tanta inmoralidad, empresa ésta quijotesca que tenía que acabar como las del inmortal Hidalgo. Su actitud no podía ser sino esta última. Ignoro si el cese fue voluntario o impuesto, no sé tam­poco cuando sobrevino. Su familia le suplica con ahínco que regrese a su país, pero no fue posible convencerle; aquel deber de dignidad y conciencia no había podido ser cumplido y en tal forma no podía regresar a su patria; y así permanece más de un año. Mientras tanto el clima insano, la edad y los profundos pesares y amarguras de sus últimos tiempos van minando su existencia. Las fuerzas físicas se agotan, aquella poderosa inte­ligencia se extingue poco a poco, la voluntad decae, y así con­tinúa algún tiempo sin más compañía que su soledad y su extrema pobreza; y al fin la muerte, en este caso, la piadosa muerte. Pocas semanas antes de morir, pasa por la ciudad de la Habana don Andrés Navarro Torrent, con ocasión de su viaje a Méjico, le visita y anota en su diario ésta impresión de­soladora:

Profundísima pena me ocasionó el aspecto de dicho señor. Postrado en cama, lleno de dolores, escuálido y demacrado,  con la barba crecida, se encontraba, echándose de ver la falta de recursos y comodidades, el ilustre abogado, insigne patricio, el inolvidable rector y director del Colegio de San Agustín, a quien todos debemos nuestra actual posición; el que yo había conocido toda mi vida ocupando el primero y principal papel en todos los asuntos de Gran Canaria y aun en la pro­vincia entera. Además de la postración física en que se hallaba, ocasionada probablemente por lesión medular, le noté debilidad en su inteligencia y un estado de fría resignación propia, del que todo lo ha perdido y nada espera. Apenas me hizo algunas preguntas respecto a la salud de mi padre y familia y hablándole yo de la conveniencia de que regresara a Las Palmas de Gran Canaria contestó con aire de profunda tristeza que no estaba para determinar nada, sino para que otros determinasen por él. Que él no contaba con ninguna clase de recursos para hacer viaje ni con fuerzas para conducirse solo. Parece que la patrona de la casa de huéspedes, donde le vi, le trataba bastante bien y con desinteresado celo.

El 11 de abril de 1888 entregó su alma a Dios el Doctor López Botas. La noticia se comunica a Madrid y de allí se reexpide a Las Palmas de Gran Canaria. La prensa publica sendas necrologías que reflejaban el sentir de aquella época; y después sobreviene una cosa muy humana: el olvido, el completo olvido.

Veinte años más tarde, un adversario suyo, pero a la vez su amigo (lo cual demuestra que la amistad entre las almas nobles está por encima de las divergencias políticas), el Doctor Torres Matos, escribe desde Cuba al Alcalde de Las Palmas de Gran Canaria “recordándole que en el cementerio de la capital de la Gran Antilla, yacen los restos de un hombre que vivió consagrado a su patria y que  ya era hora que ésta los rescatase. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria recogió el requerimiento y por eso los despojos mortales del Doctor López Botas descansan en un modesto nicho del cementerio de nuestra ciudad.

Para terminar, un rasgo final: persona que siguió muy de cerca su actuación profesional me ponderaba su gran elocuen­cia y su maestría en el argot forense, pero -me agregaba-­ una cosa nunca supo hacer: acusar. Sus acusaciones, más que la formulación de cargos contra el reo, era la defensa del ofen­dido, la justificación del perjudicado. Y es –agrego yo- que su corazón, propicio siempre a todos los perdones y generosidades, no le permitía acusar.

Pues tal fue el hombre: una inteligencia esclarecida, una férrea voluntad, una actividad sin límites, un patriotismo insu­perable; y todo cuanto tuvo y cuanto pudo al servicio del país en que nació”.

     Es triste muy triste que una persona como don Antonio López Botas estuviera enfermo, pobre y solo, muriendo en la soledad de una pensión en la Habana el 11 de abril de 1888, a los setenta años de edad. Los restos mortales del Doctor López Botas descansaron en un modesto nicho, de forma provisional”, hasta hace unos pocos años, se encontraba ubicado en la fila 4, con el número 8 en la zona titulada “Patio Antiguo”, bajo una concesión temporal, siendo el propietario del mismo el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, en el cementerio que está en barrio de Vegueta, conocido como de “Las Palmas”. Todavía hoy se queda incumplido las reclamaciones de el monumento adecuado, en esta ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, promesa incumplida desde aquella fecha.

         El amor a la isla, guía su voluntad, ilumina su entendimiento y enciende su corazón de arraigados sentimientos patrióticos: A Gran Canaria dio cuanto tuvo y por vestir la Ciudad, dotándola de elementos de progreso y cultura, abnegadamente se desnudó él. ¿Qué más podía hacer?.

         El Dr. López Botas era de la creencia que estando convencido que mañana es el fin del mundo, él plantaría todavía un árbol por Gran Canaria y para Gran Canaria en el día de hoy.

         Su viuda, doña María de la Concepción, sobrevivió tres años falleciendo en Las Palmas de Gran Canaria de Gran Canaria el 23 de agosto de 1891. Y su hija doña Luisa López Massieu había muerto el 13 de diciembre de 1888, unos meses más tarde que su padre.

         Don Domingo José Navarro en su libro “Recuerdos de un noventón” dice con respecto a don Antonio López Botas lo siguiente:

Los estrechos límites de este reducido memorándum no me permiten mencionar los notables y progresivos trabajos de la Sociedad en sus célebres veladas litera­rias, en sus brillantes sesiones biográficas, en sus ilus­tradas conferencias científicas y en sus espléndidas reuniones; pero ¿cómo prescindir de recordar la página más resplandeciente de la historia del Gabinete, la corona de honor que mereció por haber iniciado y contribuido con singular eficacia al gran proyecto de la Exposición provincial que con éxito sorprendente se realizó en 1861. Grandes y muy loables fueron los trabajos de los socios para patentizar los crecidos elementos de progreso que ya atesoraba la Gran Ca­naria, pero este recuerdo no puede evocarse sin que aparezca cubierto de luminosa aureola el nombre del malogrado socio de imperecedera memoria doctor Don Antonio López Botas, agente activo y poderoso de los múltiples trabajos que exigió aquella notable Exposi­ción. Su inagotable iniciativa, su actividad incansable, su privilegiada inteligencia y su voluntad avasalladora produjeron milagros que ni el tiempo ni muchos brazos reunidos hubieran alcanzado. ¡Así era de esperar del varón prodigioso que desde el año 1844 sólo vivió para dedicar todas sus relevantes facultades, toda su laboriosa inteligencia al progreso moral, intelectual y material de su adorada patria! Testigos son los dos colegios de ambos sexos (primeros de la provincia), los establecimientos de beneficencia, la plaza de mer­cado, el agua del abasto público, la calle de Muro, las plazas, los paseos y todas las calles donde en vano se da un paso, ni se fija una mirada, sin que el glorioso nombre de López Botas aparezca en todas las mejoras o reformas.

¡Pero qué amargos y desgarradores son estos re­cuerdos! El patriota eminente, el bienhechor de Las Palmas de Gran Canaria, el autor de nuestro engrandecimiento, el que con inspirada previsión nos legó el poderoso apoyo, el genio tutelar que tanto nos ha encumbrado, murió en tierra extraña y sus preciosos restos no pueden recibir nuestras bendiciones, ni las plegarias de nuestro cora­zón, ni las lágrimas de sus deudos y amigos.

¡Paz a los muertos! ¡Loor eterno al ilustre nombre de los bienhechores de la patria!
 


LOPEZ BOTAS, ANTONIO
Relación de elecciones en las que fue diputado

LOPEZ BOTAS, ANTONIO
Relación de Elecciones  

Elecciones: 19. Elecciones 4.2.1853

Legislatura: 1853-1854

Circunscripción: Canarias

Distrito: Guía

Electores: 197

Votantes: 180

Votos obtenidos: 143

Nº credencial: 289

Fecha de alta: 11/03/1853

Fecha de baja: 02/10/1853

Fecha de jura/promete: 18/03/1853

Sustituido por: RIVERA Y VAZQUEZ, DOMINGO

DATOS BIOGRAFICOS

Fecha y lugar nacimiento: 18.12.1818 en Las Palmas (Canarias)

Fecha y lugar fallecimiento: 07.05.1888 en La Habana (Cuba)

OBSERVACIONES

Fecha de alta la de aprobación del acta. El 2 de octubre de 1853
renunció al cargo.

Signatura:A.C.D. Serie documentación Electoral: 33 nº 7 

LOPEZ BOTAS, ANTONIO

Elecciones: 27. Elecciones 15.1.1869

Legislatura: 1869-1871

Circunscripción: Canarias

Distrito: Las Palmas

Votantes: 16.602

Votos obtenidos: 12.313

Nº credencial: 321

Fecha de alta: 26/02/1869

Fecha de baja: 02/01/1871

DATOS BIOGRAFICOS

Fecha y lugar nacimiento: 18.12.1818 en Las Palmas (Canarias)

Fecha y lugar fallecimiento: 07.05.1888 en La Habana (Cuba)

OBSERVACIONES

Fecha de alta la de aprobación del acta.

Signatura:A.C.D. Serie documentación Electoral: 60 nº 13